El ritmo circadiano y las consecuencias de su alteración


El ser humano adapta su comportamiento a un ritmo de vida concreto,  manteniendo horarios de sueño-vigilia lo más estables y fijos posible, regidos principalmente por los ciclos de luz-oscuridad que se dan en el la naturaleza.

Para referirnos a los ciclos de sueño-vigilia en la persona, nos referimos al ritmo circadiano, que es un ciclo de 24 horas, que está marcado por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo. El ritmo circadiano es mediado por el fascículo retinohipotalámico que vincula neuronas de la retina y neuronas receptoras de luz, con los núcleos supraquiasmáticos del cerebro. Errores en esta relación entre cerebro y órganos sensitivos puede ocasionar alteraciones como el insomnio, que puede asociarse, entre otros motivos, a  falta de coordinación entre el ciclo sueño-vigilia deseado y las señales emitidas por el marcapasos circadiano endógeno.

Pese a esto, se ha demostrado que otros factores que condicionan estos ciclos pueden ser, el ubicar comportamientos según horarios (es decir, mirar la hora) y las relaciones social. Por otro lado, el ritmo circadiano puede también alterarse debido al tiempo que se está despierto, el sueño o el cansancio; actuando también factores hormonales, y la acumulación de adenosina del metabolismo durante el tiempo que estamos despiertos.

Las alteraciones del ritmo circadiano

En algunas ocasiones el trabajo, el ocio nocturno, o el cuidado de otras personas, entre otras causas, pueden hacernos modificar estos ciclos, cosa que conlleva una serie de repercusiones a tener en cuenta. Por un lado, se ha demostrado que las personas que se ven obligadas a cambiar sus horarios de forma notable o a dormir durante el día, por ejemplo por cuestión de cambios de turno en el trabajo, no consiguen que el sistema de coordinación circadiano se adapte eficientemente, por lo que por lo general duermen un número menor de horas y se consigue un menor descanso y recuperación.

Por lo tanto, es recomendable aumentar de forma consciente el número de horas que se duermen mientras se mantienen alteraciones del ritmo circadiano, como el trabajo nocturno. En el entorno laboral, en el entrenamiento, o en las actividades de la vida diaria esto puede provocar un aumento en el tiempo de reacción, un mayor riesgo de errores al ejecutar una acción, y por lo tanto un mayor riesgo de accidentes, es por esto que no todos estamos preparados para llevar a cabo trabajos con horarios nocturnos.
Además, se han asociado al trabajo nocturno diversas patologías relacionadas con el sistema circulatorio, metabólico y cardiovascular. Concretaremos más estos casos en próximas publicaciones.